Wednesday, November 07, 2007

Borracho

Estaba ahi en la entrada, con un guardia inmenso armado de pistola, macana, 2 esposas, gas pimienta y unos puños acompañados de mala cara que insinuaban que el escape era imposible.

Y llegó con la mirada triste, de esa mirada humilde que se va forjando al paso de los años de no ser escuchado y ser tratado como lo que "sobra" de la sociedad. Una mirada extrañamente azul, por unos ojos extrañamente verdes que seguramente desde su origen le valieron el sobrenombre de "güero", quizás "pollo"; acompañaban sus ojos, una cabellera sucia y desarreglada, corta con cabellos puntiagudos y rayando entre un color rojizo y rubio, de alguna manera, se las había arreglado para ensuciarse como campesino en medio de la ciudad, y con ese tono rural hablaba dejando salir las palabras bajo ese tupido bigote que revelaba una deficiencia proteica con su color rojizo alternando con amarillo.

Recibió rudeza...

- Quesque tiene convulsiones, ya lo tuvimos un rato en la comisaria -dijo el policía haciendo señas de que esta escoria humana era la única responsable de su propia miseria al ingerir alcohol en cantidades prohibidas.

-Tomé hace dos días, ti.. hace dos días, pero hoy no... me llevaron porque me encontraron convulsionando y creen que estoy borracho -me decía mientras mantenía su mirada al suelo, como había aprendido quizás de golpizas, a los policías quienes solo podían desahogar su vacío de no sentirse importantes con personas como él.

-¿Seguro que no has bebido?, si nos dices mentiras lo notaremos en los estudios

-No señor, esque como tyo este, tengo convulsiones, desde hace tiempo, tomo epamin... unas pastillitas de una cajita cafe, este, naranja con blanco, 1 cada 8 horas

Mientras corría a hacer los engorrosos trámites administrativos destinados a convertir en cada paciente en nada más que un número evitando cualquier posibilidad de sentir lástima o compasión. Conseguí una camilla de sala de resucitación, mientras el custodio desconfiaba cuando le preguntaba si había visto las convulsiones.


-Soy lavacoches a veces docto, soy lavacoches, tengo 32 años ti, bueno, lavo coches cuando puedo, a veces no hay como...

Siguiendo con el proceso normal, interrogaba ahora la especialista de medicina interna

-¿Desde hace cuánto que tiene convulsiones don?
-5 años, esque a mi me atropellaron vedá, hace 5 años, tuve aqui.. este, aqui en el hospital... doctora me siento raro, siento como que me falta el aigre también vedá, aqui.. como que me duele - replicaba mientras pasaba su mano derecha sobre su costillar del mismo lado
-¿Y tiene algún otra enfermedad?
-Este, si, este, tomo unas pastillas vdd, aparte del epamin, que son naranajas con blanco en una caja café, hay otras, que van debajito de la lengua, este pa la presioń, pero nomás las tomé 1 año.

Apuntaba fervientemente en su historia clínica, politraumatizado hace 5 años con probable cicatriz residual en corteza, epileptogénica, tratamiento para HTA con probable nifedipino o quizás nitroglicerina para enfermedad coronaria.

-Índicale, una BH, QS, ES, plan de líquidos...
-Señor ¿A qué hora fue la última que convulsionó?
-No pues este, mire, ete, no me acuerdo bien, ete fue ya temprano, no mi acuerdo, convulsione como 4 veces en lo que tuve en la demarcación (comisaría)
- Señor, son ahora las 4 de la mañana, a que hora recuerda que fue la última convulsión
- Empecé como desde las 3 de la tarde, pero me subieron, ete, que porque estaba borracho, ete, y luego convulsioné 4 veces, ete, no sé -contestaba al interrogatorio, mientras esos enormes ojos verdiazules miraban como niño regañado quien temía que nadie en el mundo le creería que su única culpa era tener una enfermedad.

-Seguro que no ha comido nada, indícale también un destrostix, para ver como anda de azúcar en la sangre, puede que sea causado por hipoglicemia.
-Señor ¿cada cuánto toma el epamin?
-Cada 8 horas, las pastillitas naranja así, de la caja café... me duele aquí en el pecho doctó
-Y hoy, ¿tomó sus pastillas?
-Tomé la de la mañana, ete, ya al mediodía se me pasó, no me acuerdo, yo tengo que tomarlas, porque ete, me da la convulsión, así ataques, las pastillas naranajas ¿sabe usté?

"Las tirillas para destrostix, me quedan muy poquitas doctor, no son para andárselas recetando a cualquiera que llegue, dígale a la doctora de interna que ya le dije que son muy poquitas"

Esa era la expresión discriminativa y arrogante de la enfermera para conmigo, como si le pidiera un estudio de miles de pesos, en lugar de una tirilla para glucosa que a lo sumo cuesta 15 (y como 4 pesos al hospital).

"Lo necesita, probablemente lleva el día sin comer, eso puede que le cause los ataques", era mi respuesta, a sabiendas que llevarme mal con una enfermera podía arruinar toda mi estancia en guardias.

La doctora con cara de fastidio y actitud de rendirse, me ordenó que olvidara la tirilla y que empezaramos a pasarle suero con glucosa para revertir ese proceso.

Al fin conseguí una sabana, y se me acerca el policía

-Déjame enganchartelo de 1 brazo, porque al chavo le da por correr.

Indiferente, le indiqué que lo hiciera con la muñeca derecha a la camilla, mientas subía lentamente el débil paciente a su provisional destino.

Mientras subía, esos ojos verdes, ahora rodeados de un color rojizo al inyectarse la sangre en la esclerotica, de tanto tiempo desvelado y probablemente de llorar por un castigo que no comprendía, se giraron hacía el extremo superior derecho, mientras una onda pasaba por dentro de su cuerpo iniciada como una tempestad en sus neuronas de la corteza, le obligaba irremediablemente a sacudirse, como un pez sustraído subitamente del agua necesaria para vivir, y a tropel acudían mis compañeros a ayudarme a girarlo para evitar que se fuese a ahogar con su propia saliva.

Daba resoplidos y chillidos, mientras inevitablemente cada músculo de su cuerpo se endurecía agonizantemente sin poder contenerse, el único consuelo, esque ya no estaba consciente, su mente pensante haría minutos que se habría perdido en un sueño merecido mientras los músculos le quedarían adoloridos agotados de ejecutar las órdenes de un cerebro que ha perdido el control por azares del destino... el único consuelo esque debajo de esa mirada indiferente del policía apoyado en la entrada quien ahora me preguntaba si no habría que separarle la lengua, debajo de esa mirada, estaba la culpa de no creer a un congénere humano cuando dice la verdad, y tener que esperar a que demuestre enfrente de testigos su propia enfermedad.

Y asi hay cada día mil historias, en este México surreal